A principios del siglo XIX Inglaterra se había convertido en el primer país en experimentar la revolución industrial, lo que conllevó un incremento de la población y la aparición de una sociedad industrial y urbana. Muchos ingleses emigraron a Estados Unidos, pero a la vez llegaron inmigrantes de otros países como Irlanda, Rusia, etc.
En esta época gran parte de la sociedad trabajaba en la industria. Este hecho provocó que los pequeños artesanos perdieran sus lugares de trabajo. Las factorías reclamaban ante todo mujeres y niños para trabajar y así pagar sueldos menores: aún así, los niños trabajaban más de 12 horas. Con el paso del tiempo se aplicaron leyes para anular este sistema de trabajo basado en la explotación infantil.